Las fotos de las últimas mujeres con los pies vendados: el adiós a la tradición china para “conseguir maridos”

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Son las últimas mujeres chinas que cumplieron con una tradición brutal que las mutilaba de por vida: el vendaje de los pies para que no crecieran más de los ocho centímetros “ideales”. Aunque esta práctica se abolió en la segunda década del siglo XX, la costumbre milenaria pesaba más que la propia ley. Y fue así como muchas de ellas continuaron vendando a sus hijas para que pudieran casarse y tener un futuro más prometedor.

“Yo no quería porque dolía mucho. Nadie quería. Usábamos un trozo de tela para vendarnos los pies. Y mi madre lo cosió para que no me lo pudiera quitar”, aseguró Zhao, a sus 92 años. Hoy es una de las últimas víctimas vivas de este ritual.

Por su casa en los alrededores de Pekín, su bisnieto más pequeño corre por todos lados. Cualquiera puede observar cómo los zapatos del nene de dos años son casi más grandes que los de su bisabuela.

La tradición de los "pies de loto" se abolió en la segunda década del siglo XX, pero muchas familias continuaron con el ritual. Crédito: EFE
La tradición de los “pies de loto” se abolió en la segunda década del siglo XX, pero muchas familias continuaron con el ritual. Crédito: EFE

La madre de Zhao, como tantas mujeres de la época, sabía que había que invertir sus pocos ingresos en vendas para los pies para poder conseguir que su hija tuviera los llamados “pies de loto”. Esto era un sinónimo de porvenir y, en especial, más eficaz para encontrarle un marido.

Pero para este “bienestar” había que pagar un precio atroz: la rotura de los cuatro dedos más pequeños del pie, que quedaban prensados bajo la planta, como una atrofia vitalicia.

Las mujeres chinas que eran sometidas a esta práctica sufrían la fractura de sus cuatro dedos más pequeños del pie. Crédito: BBC
Las mujeres chinas que eran sometidas a esta práctica sufrían la fractura de sus cuatro dedos más pequeños del pie. Crédito: BBC

La escritora china Jung Chang contó en su biografía familiar, “Cisnes salvajes”, que los “lirios dorados de ocho centímetros” daban una imagen de una mujer tambaléandose sobre sus pies vendados, algo que -en teoría- ejercía un efecto erótico en los hombres.

Por su parte, Zhao sabía que su madre no era la única que revisaría sus pies. Sino que su suegra también repararía en ellos y tendrían una muy mala relación si descubría que eran grandes.

Aunque algunas mujeres eran obligadas por sus familias, otras lo decidían hacer por su voluntad. Crédito: BBC
Aunque algunas mujeres eran obligadas por sus familias, otras lo decidían hacer por su voluntad. Crédito: BBC

La primera vez que se los vendaron fue cuando tenía seis años. Y con el paso del tiempo ya se empezó a acostumbrar. “A partir de los 13 o 14 años ya no notaba el dolor”, admitió la anciana. Recién cuando su marido murió, hace dos décadas, abandonó la práctica.

Hoy, las mujeres modernas de China consideran que es un ritual "estúpido" y "horrible". Crédito: Getty Images
Hoy, las mujeres modernas de China consideran que es un ritual “estúpido” y “horrible”. Crédito: Getty Images

“Ahora los hombres y las mujeres son iguales”, opinó Zhao. Acostumbrada a vivir en la pobreza, hoy puede comprar alimentos o ropa. Y el Gobierno le proporciona un subsidio mensual que le alcanza y le sobra para sus gastos: “No sé cómo gastar el dinero que tengo. No tenía costumbre de comprar”.

En una realidad muy diferente a la que vivió Zhao en su juventud, hoy las mujeres chinas modernas no están de acuerdo con esta tradición y la califican como una práctica “estúpida” y “horrible”.

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