Qué efecto tienen las nuevas rutinas para estirar el cuerpo

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Hacer el propósito de ponerse en forma a partir del Año Nuevo es un cliché, así como el hecho de que nadie lo cumple. Sí hay personas que están tan motivadas a hacer ejercicio que mantienen sus rutinas de salir a correr o levantar pesas durante todo el año. Luego, están todos los demás, un grupo en el que me incluyo. Es difícil resistirse a la promesa de comenzar de cero y ser un poco más activa y un poco más flexible en esta nueva década.

Así que me inspiré en dos cosas. La primera fue mi perra, Joan, que hace dos o tres estiramientos fastuosos al día, y la segunda es la enorme cantidad de estudios de estiramiento que abrieron en Nueva York —Stretch’d, Stretch Relief, Lastics y Outer Reach, son algunos de ellos— y en todo el país. Sería fácil deducir que las sesiones personales de estiramiento son el nuevo símbolo de estatus en las rutinas de bienestar.

El sitio web del estudio Outer Reach sostiene que “el estiramiento es una manera de vivir más tiempo, con más altura y más agilidad”. Su lema: “Llega más alto. Estírate”. Eso sonaba como una práctica que yo podría adoptar. “Estirarse es la nueva forma de ejercitarse”, les decía a los desconocidos en las fiestas. “El estiramiento es el nuevo Pilates”. Esa pobre gente seguramente pensó que yo siempre hablaba de trivialidades.

Outer Reach, que ofrece sesiones de estiramiento privadas y grupales, abrió su local en Tribeca en septiembre. Fue fundado por Aimee Cho, una de las fundadoras del sitio web The New Jock, y Alex Drexler, uno de los fundadores de la línea de moda Alex Mill. La idea es que estirarse, o calentar el cuerpo, no es algo que se deba hacer así nomás antes o después de una rutina de ejercicios, sino que puede ser el evento principal, pues mejora la postura, la circulación y la movilidad sin importar tu nivel de aptitud física.

También ayuda que el estudio está diseñado a conciencia con matices de verde pálido y marrón, lo cual te hace sentir como si estuvieras dentro de una bola de helado de menta con chips de chocolate. Tiene una pequeña tienda que vende bálsamos artesanales y medias. Las sesiones individuales se llevan a cabo en salones privados con mesas y bloques de corcho. Laurel Snyder, mi instructora, llevaba unos pantalones de ejercicio color verde menta con una remera de manga larga del mismo color, el uniforme del estudio, e hizo una broma de que le pagaban por trabajar en pijama.

Todos los instructores tienen formaciones diferentes (baile, entrenamiento personal, yoga), y todos fueron capacitados por Toni Melaas, una bailarina que diseñó el método de estiramiento e instrucción de Outer Reach. Las clases prometen un estiramiento de la cabeza a los pies. O quizá “de pies a cabeza” es una descripción más adecuada porque después de una postura inicial estando de pie, empezamos con nuestros pies y recorrimos todo el cuerpo hacia arriba.

Snyder me guiaba para que adoptara cierta postura, por ejemplo, una figura de cuatro con mis tobillos sobre mis rodillas y mis manos extendidas para apoyarme. Se supone que esta pose estira los músculos de la cadera, mientras tanto, Snyder compartía comentarios gentiles o ajustaba mi cuerpo para ayudarme a aprovechar el movimiento al máximo. Para cuando me recosté sobre la mesa boca arriba, ella estaba de pie junto a mí para ayudarme a hacer torsiones laterales profundas o para recordarme que debía relajar mis hombros. Tras nuestra sesión de 60 minutos, sentí mi cuerpo más relajado, suelto y alto.

También sentí que había aprendido más acerca de mi cuerpo. Snyder fue la primera persona en decirme que suelo girar mis rodillas hacia adentro cuando estoy de pie, y me sugirió hacer una flexión leve de rodillas para ayudarme a romper ese hábito. Me gustó tanto mi sesión personal que regresé al día siguiente para tomar una clase grupal, que se hace en un estudio en la parte trasera donde hay un techo de cristal. Brandon Washington, nuestro instructor, guió a siete participantes que parecían tener una condición física impecable, la mayoría mujeres de alrededor de 30 años, para realizar una secuencia de estiramientos individuales: la punta de los pies contra el muro para estirar las pantorrillas, zancadas, estiramientos en posición supina para abrir la cadera.

Washington pasaba con cada participante para ajustar nuestra postura y ayudar a relajar nuestros cuerpos torcidos. Si no te gusta que te toquen, las clases de estiramiento quizá no sean para ti. Sin embargo, a mí me encantó y al final sentí como si hubiera hecho ejercicio y como si me hubieran dado un masaje. Los adeptos a las rutinas basadas en anatomía como yoga o Pilates sin duda apreciarán los métodos de Outer Reach. Los que adoran correr en cintas quizá necesiten convencerse. A mí me da igual. Ellos pueden quedarse con sus entrenamientos vigorosos, y yo estaré haciendo flexiones laterales y sintiéndome cada vez más alta.

Por Marisa Meltzer, © 2020 The New York Times Company.

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